RUEDA DEL AÑO CALENDARIO CELTA

Samhain

SOLSTICIO DE
INVIERNO


IMBOLC

EQUINOCCIO DE PRIMAVERA

bELTANE

SOLSTICIO DE VERANO

LUGHNNASSA

EQUINOCCIO DE OTOÑO



 

 

 

 

 

SOLSTICIO DE VERANO - ALBAN HEFIN - LUZ DEL VERANO - 21 DE JUNIO - LITHA

 

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Al girar la Rueda llegamos al Sur. La posición saliente del Sol permanece tranquila.

Es la mitad del verano, el día más largo del año. Representa el esplendor, el momento culminante en la vida espiritual. Sería la realización, que tendrá como momento culminante el 31 de julio, la fiesta de Lughnasad.

Para hacer estos trabajos en el hemisferio sur conviene invertirlos para respetar nuestras estaciones, que son las que nos rigen.

Corresponde al elemento fuego. Es el momento de la pasión y del empuje. El momento de la culminación del sol, es el mediodía y la tarde calurosa.

La finalización de los proyectos, la concreción.

En el Sur del Círculo los jóvenes se han hecho adultos, retiene la energía de la juventud, goza de la fuerza del cuerpo y transformará el deseo en acción.

El deseo y la energía pueden ser muy atractivos, pero también pude llevar a conflictos .

En el ardiente Sur los conflictos son bienvenidos, porque ofrecen la oportunidad de hacer alarde de fuerza, dominio y determinación. Pero si no se controla o se encauza mal, puede provocar mucho dolor.

En el momento del Solsticio el Poder es demasiado salvaje, por eso nuestros antepasados lo celebraban unos días más tarde (24 Junio) cuando las energías se habían consumido un poco.

COMO SE CELEBRABA ANTIGUAMENTE

El día 21 es el momento de celebrar la mitad del verano. La luz tiene su mayor poder, pero a partir de ahora comienza el nacimiento de la oscuridad. El Rey del Verano debe de morir en brazos de su hermano el Rey del Invierno que gobernará la Tierra hasta el solsticio de invierno donde su hermano se levantará de nuevo.

Este es el día del año donde el Poder de las Sombras es menor, a partir de este día la sombra irá creciendo lentamente hasta alcanzar su mayor poder en el Solsticio de Invierno.

Antiguamente se encendían fogatas que eran bendecidas en el ocaso en nombre de la Diosa para pedir su protección en los cultivos que estaban creciendo. Cuando las hogueras estaban en su máximo esplendor, se prendían antorchas y teas. Los más atrevidos jugaban con el fuego lanzándolas al aire y corriendo con ellas por los campos para recordarle a la luz que no se olvidase de volver y a la tierra que después de las sombras volvería la luz.

Cuando las llamas de las hogueras iban perdiendo poder era costumbre saltar por encima del fuego como un ritual más, buscando la bendición de las llamas y su poder.

 

 


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